“El Hobbit” de J.R.R. Tolkien, Editorial Minotauro:

En un agujero en el suelo vivía un hobbit…” así John Ronald Reuel Tolkien nos abre, por primera vez las puertas de la tierra media. Editado por primera vez en 1937, El Hobbit no fue escrito para su publicación sino con el fin de entretener a sus pequeños hijos. Como su título original lo indica (The hobbit or there and back again *) esta es una historia de idas y vueltas que comienza cuando Bilbo, el respetable habitante de Bolson Cerrado, recibe la visita del mago Gandalf, quien lo ha elegido como el catorceavo miembro de la compañía de enanos liderada por Thorin, heredero a ser rey bajo la montaña. Su objetivo es recuperar su hogar de las garras de Smaug, un malvado y voraz dragón que tomo posesión de la Montaña Solitaria, diezmando y expulsando a los enanos que la habitaban. El no muy convencido Bilbo se une a la compañía como saqueador y deja atrás su hogar, La Comarca, lugar que añorará a lo largo de toda la travesía, para ayudar a los enanos a que recuperen el suyo. No solo por el tesoro vuelven Thorin y sus compañeros, ellos quieren recuperar los salones que habitaron en su juventud, el trono de su abuelo, la montaña donde se criaron sus familias y dejar así de andar errando por la tierra media, sirviéndose de la caridad de otros enanos en minas y montañas, además de labores poco amistosas en los pueblos de los hombres. Bilbo, que siempre ha dado por sentado su hogar y lo evoca durante todo el camino, va comprendiendo que éste es algo más que su cómodo sofá, la galería donde hace aros con el humo de su pipa y su despensa abarrotada de comida y bebida. El hogar son las historias que nos rememoran esos salones, las canciones con amigos, los cuentos que transmitimos a los niños. El hogar es donde el corazón está, no es un lugar físico, no es Hobbiton, ni Rivendel, ni La Montaña. El hogar son Gandalf y Thorin, Elrond, Fili, Kili y el resto de la compañía. Pero el que mejor lo define es Thorin, quien nos dice al final de la batalla:

Si muchos de nosotros dieran más valor a la comida, la alegría y las canciones que al oro atesorado, este sería un mundo mas feliz”.

Sin más que agregar, les recomiendo sin dudar un minuto que lean El Hobbit, una historia sobre la amistad, el hogar y encontrar en nosotros mismos nuestro valor.

*El Hobbit o Historia de una ida y una vuelta

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