Cómo hablar del trabajo si…

No se supone que haya contenido político en este texto, pero cuando se habla de trabajar, de trabajador, de trabajo o de laburantes, resulta imposible escribir sin plasmar una atmósfera combativa, si se quiere. A menos que exprese, falsamente por cierto, mi amor incondicional y mi pasión por el trabajo que poseo. No todas las personas se desempeñan en la labor que soñaron hacer y viven de eso.

Siendo así, ¿Cómo describo mi aversión por el trabajo, entendido por mí como medio de subsistencia y entendido como un medio para alcanzar la dignidad por las Doña Rosa y sus maridos del siglo pasado, sin ofenderme a mí mismo por vilipendiarlo en una época donde cientos de miles se han quedado sin él?

Había empezado a escribir una lista de sentimientos aleatorios, por demás desagradables, que me afloran cuando estoy trabajando. Así, “escuchando absurdos, peleando con idiotas”, son dos de las cosas que no siempre suceden, pero que son indeseables. Y tras escribir los versos, los leí y releí. Y puse la tele: “nuevos despidos esto”, “retiros voluntarios aquello”, “paro y reclamo del sindicato de lo otro”. Apagué la tele y mandé una puteada al éter.

Es que no puedo simplemente putear contra todo lo que me representa trabajar. Es lógico que un empleado con la carga horaria que poseo acabe por lanzar una maldición a su fuente de dinero. Lo puedo hacer en forma de versos para hacerlo más ameno, más “lindo” de leer.

¿Sentís más dignidad que hace unas horas,

Que meses atrás, que años atrás?

Empezar o terminar los días

Dentro o fuera de un recinto

Cumpliendo mandatos verticales

Escuchando absurdos,

Peleando con idiotas,

Perdiendo la estructura

Corrompiéndonos, corrompiéndote,

Cumpliendo consignas y corriendo.

Eso mismo puedo hacer, enumerar todo, absolutamente todo lo que me pasó trabajando. Una vez más, son cosas que nadie está exento de pasar pero que no pasan siempre. Puedo, sin embargo, ponerme a analizar por qué es que detesto tanto tener que estar atado a un sistema en el cual puedo sobrevivir si tengo plata para pagar la vivienda y los alimentos. Cómo evadirme de esta realidad inventando juegos mentales, usando cacofonías para estilizar un texto prosaico que, como casi cualquiera que no esté encriptado, está escrito para ser leído por alguien más que yo o que tus familiares, quienes con frecuencia no usan conmigo la misma vara que tienen para medir al resto de la existencia, y de esa manera lograr que al lector le guste lo que lee. ¿No lo estaré haciendo ahora?

Sí, puedo hacer todo esto, una “oda a la vagancia”, un “himno a la fiaca”, burlándome de la dignidad que, se dice, el trabajo otorga a quien lo ejerce. En realidad no es dignidad lo que da, es plata y experiencia laboral. El dinero sirve para darme la vida que me pueda dar, incluyendo primeras necesidades y gustos supeditados a lo que gano al mes, a la semana o al día. Y la experiencia laboral sirve para ser aceptado en otros trabajos en caso de ser despedido o renunciar, por el motivo que fuere.

Dicho todo esto y entendiendo al trabajo como el mal necesario de la sociedad contemporánea, el medio de obtener papel, metal o crédito bancario para obtener sustento y objetos que lo impregnen a uno de un estatus de dignidad relativo según desde qué óptica se lo mire.

¿Qué puedo decir de quienes perdieron ese medio?

¿Qué le puedo escribir a ese matrimonio con tres hijos que se quedó sin trabajo?

¿Qué palabras de queja puedo pronunciar frente a un tipo que hoy no sabe si come, porque no tiene una fuente de ingresos?

¿Con qué cara puedo menospreciar mi propio trabajo, si tengo amigos, parientes, clientes que sufrieron suspensiones o despidos?

Todos sufrieron en carne propia el deseo del empresario contratante de “mantener los números en verde”. La mayoría de los empleadores de pequeños negocios cuentan las monedas para pagar sueldos, y es un momento penoso para ellos cuando deben deshacerse de la fuerza de trabajo de un empleado. Pero para éste último, para quien es despedido y es conciente de por qué lo despiden, sin tener que ver su desempeño, cuando hay una coyuntura que fuerza al empleador a retrotraerse, el panorama es desolador.

¿Y me estoy queriendo quejar de la carga horaria de mi trabajo? En realidad mi deseo es quejarme de la falta de éste para muchos desempleados alrededor de mí. Así que voy a ser prudente ante la situación para nada equitativa. Porque todos los trabajos tienen su lado positivo y negativo, sea cual fuere. Pero estar sin trabajo y sin un medio de subsistencia, eso no tiene ningún lado positivo.

 

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